Cuando alguien se cataloga de humanista, de demócrata y de defensor de la libertad y de la democracia, debe actuar en consecuencia. Por lo que es incomprensible que pueda estar de acuerdo con este tipo de actos. De lo contrario me pregunto: ¿En que nos diferenciamos los demócratas, los humanistas, de los “terroristas”, o de aquellos que cometen delitos de lesa humanidad?
En mi calidad de dirigente de una organización de Derechos Humanos, no debo, no puedo, ni quiero callar frente a hechos que me parecen actos de una barbarie inaceptable; menos aún cuando estos actos se hacen en nombre de la democracia y la libertad.
Nuestra historia reciente está llena de estos sucesos, que han dejado una profunda y dolorosa herida en la vida de muchas personas, actos que provocaron un quiebre en la sociedad, quiebre que perdura hasta el día de hoy. Sin duda las heridas se cerrarán pero sus cicatrices serán el testigo mudo de un tema que no se superará jamás sin la adecuada justicia.
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